No queremos ser el país de un solo hombre, sus amigos, compadres, partidarios o fanáticos. Queremos ser el país de todos los mexicanos, de la inteligencia colectiva, no de la estupidez individual.

Todos queremos un país unido en torno a una visión positiva. Una visión de futuro, no de pasado. Una visión que nos aglutine, potencialice, conmueva e inspire. Una visión de éxito, no de fracaso. Una visión de triunfadores, no de víctimas.

Todos queremos un país en libertad y en democracia, porque si no hay eso, no hay nada más.

Un país con un Poder Legislativo inteligente, independiente, plural y capaz que entiende que el mejor regulador nunca es el gobierno, sino la propia sociedad, y que los derechos básicos nunca se tocan.

Un país con un Poder Judicial efectivo, honesto, que defiende la Constitución y nos da oportunidad de un proceso judicial equitativo a todos para defendernos del abuso de funcionarios y políticos.  Un país en donde todos valemos lo mismo ante la ley, sin privilegios para nadie y las controversias se dirimen con racionalidad y con justicia.

Un país de ciudadanos, no de políticos.  Un país en donde podamos confiar en las leyes y las instituciones, y sepamos desconfiar, por sistema, de quienes ocupan un cargo público, porque esa es la regla del juego y no hay excepciones.

Un país de leyes, de buenas leyes, que respeta los derechos primordiales de cada quien: el derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad. Leyes que limitan al poder político.

Un país que se transforma conforme se transforma el mundo. Un país líder, que no espera la aprobación de los demás en lo que por derecho nos corresponde. Un país educado, sano, equitativo, competitivo, respetuoso, amable y vigoroso. Un país que crea riqueza continuamente con ingenio, trabajo, tecnología, innovación, inversión y libertad, mucha libertad, porque sólo los países que respetan la libertad de sus ciudadanos son prósperos, porque la riqueza siempre es creada por los ciudadanos, nunca por los burócratas.

El actual presidente, con sus excesos, sus ocurrencias, su nostalgia pueblerina, sus ideas obsoletas, su capacidad destructiva, sus mentiras, su divisionismo, su egoísmo centralizador, su triste figura y su escasez ilimitada le quedó muy chico a este gran país. Pero ese no es el problema, el problema es que quiere imponer su visión enfermiza a todos.

No queremos ser el país de un solo hombre, el país de un presidente y sus amigos, compadres, partidarios o fanáticos. Queremos ser el país de todos los mexicanos, de la inteligencia colectiva, no de la estupidez individual.

Todos queremos un país en libertad y en democracia, porque si no hay eso, no hay nada más.

La visión es ésta: Ser un país en donde cada quien pueda imaginarse, crear y vivir su propia vida, no la de otros y, mucho menos, la de un político.

Esa es la tarea, pensar en los muchos “sí” que todos tenemos enfrente y no en los “no” de siempre, ya sean propios o ajenos, impuestos o voluntarios, conscientes o inconscientes.

Esta semana se dio a conocer una red horizontal de ciudadanos y organizaciones civiles que nos hemos puesto de acuerdo en ello. Un gran colectivo ciudadano pensando en lo deseable y lo posible, por eso se llama así: Sí por México.

En este colectivo observo talento y experiencia. Algunos miembros tienen la capacidad de definir grandes ideas, otros, de comunicarlas. Algunos llevan años luchando en temas específicos, otros son buenos para contagiar el entusiasmo y organizar. En todos observo un objetivo común: Un México lleno de oportunidades, un México de éxito, de visiones positivas y de compromisos valientes.

Y un proyecto muy específico: El deseo de obtener una mayoría opositora en la Cámara de Diputados en el 2021. Porque ese es el primer paso para defender la democracia y la libertad, el primer paso para empezar a construir el México de éxito que todos queremos y merecemos.

Necesitamos imaginar y crear un orden político-jurídico de primer mundo. Si no tenemos eso, no tenemos nada. Todos trabajamos de manera voluntaria y altruista, y quizá cada uno de nosotros tiene fuertes limitaciones, pero juntos, somos ilimitados.

Es un gran reto porque los partidos de oposición deben trabajar en equipo con otros partidos y con los ciudadanos, algo que no están acostumbrados a hacer. Se requieren candidatos limpios, capaces, comprometidos y ganadores. Sí por México habrá de guiar este proceso y los partidos de oposición deberán sumarse. El momento les exige una transformación profunda, altura e inteligencia.

Para ello, el movimiento debe mostrar su fuerza y la fuerza está en ti, está en mi y está en todos, porque todos somos esa gran fuerza transformadora, ese gran sí que puede más, mucho más que todos los nos pasados y presentes.

Te invito a ser parte de Sí por México con tu inteligencia, tus aprendizajes personales, tu imaginación y tu valentía.

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